Serviteurs de Jésus et de Marie

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La envidia

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Écrire à l'auteur Padre José-Maria 20 de agosto de 2016
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La envidia es otra cosa que la codicia.

Mientras que la codicia desea tener lo que tiene el otro, la ENVIDIA quiere que la otra persona se dañe. Es maldición, desear el mal.



Codicia

La codicia es un problema particular del mundo moderno: el otro tiene lo que yo no tengo.
 La codicia de la posesión, el robo, sea de cosas materiales o de personas, es mucho más importante que el pecado de la carne, porque el pecado está en el corazón, en los sentimientos. Y si no lo purifican, nunca lo van a dejar.
 Eso hace que el Enemigo siempre da cosas materiales, materiales, materiales, materiales , para que unos vayan luchando y quitándose la vida por cosas materiales.
 Y si no son cosas materiales, es con la tecnología.

Si yo tuviera…


 Dicen: “Yo no envidio”, pero en su corazón hay codicia con la mujer o el hombre del prójimo, o el hermano, o el vecino, o el patrono. Y no lo confiesan. Eso corrompe el corazón, ¿no se dan cuenta?
 A veces codician los bienes de sus hermanos, o los envidian. La codicia es algo, la envidia es otro. La envidia es querer que la otra persona se dañe: es maldición, desear el mal. La codicia es desear tener consigo lo que tiene la otra persona.
 Muchas veces es la mujer que codicia al hombre: hoy las cosas se han invertido. Antes el hombre podía elegir más, hoy es la mujer que puede elegir sus hombres, sus amantes. Puede codiciar al hombre de la vecina, a colegas, a superiores. La mujer también debe confesarse.

La codicia lleva a la envidia

La ENVIDIA quiere que la otra persona se dañe.
 Dicen: “No mato, no soy orgulloso”, pero están deseando, codiciando el bien ajeno, o la persona ajena, y si no lo pueden tener, lo maldicen, tanto a un hombre como un objeto, un auto, una casa, un campo, lo que fuere.
 Dicen: “No tengo envidia”, pero quieren tal cosa de tal persona. Se empieza con codicia y se termina con envidia, con querer hacer daño al otro.
 Entre los mayores, muchos dicen: “No tengo pecado, no salgo de mi casa”, pero envidian.
 Es pecado mortal, porque la envidia, los celos dañan a la persona, su reputación: esto también es dañino. Se debe confesar este pecado.

Celos y envidia

 CELOS y ENVIDIA, muchos no confiesan eso. Es un defecto muy particular que tenemos los seres humanos. Sucede con frecuencia a todos. Siempre tener lo que tiene el otro y no disfrutar lo que ya tienen.
 Celos, es poseer a la otra persona, o la esposa o los hijos. No dejar que mi esposa me cocine, no dejar que el esposo madure, y surgen peleas porque no dejo respirar al otro. Hasta que algunos se van a formar una nueva familia…

Rivalidad

Hija y madre… : … ¿rivales?

Muchas veces los padres y madres pelean, no por sus hijos sino con sus hijos, compiten.
 Es típica la competencia de las mamás, que se visten como adolescentes. Es envidia, quieren ser joven, eterna juventud.
 Aparte, es el peor error que pueden cometer las mamás : querer ser como las hijas: ropas, elegancia, calzados, cómo se mueven, cómo hablan. Y estas adolescentes que no saben, que están experimentando la vida, tienen en su casa a la rival, tienen que luchar contra esto, porque mamá se pone a la altura de ellas, en vez de portarse como adulta… Una cosa es ser joven y vital, pero cuando se es mamá, ya se ha pasado la preadolescencia…

Trabajos ocultos

Típicos de la envidia son los magos, San la Muerte, parapsicologos, reikistas, umbandistas, que te prometen trabajos para dañar a quien quieras a cambio de dinero.
 El parapsicologo te va hacer un trabajo…
 San la Muerte le va a hacer morir a tu adversario sin que mueras vos…
 Reiki te promete poderes sobre otros…
 Umbanda-macumba te promete trabajos, videncias, de todo…
 ¡¡En realidad toman posesión de tu corazón!!
 Hacen mezclas, mezclan cosas benditas con rituales paganos, entonces dejan de ser bendecidas y sagradas, para ser objetos maldecidos. Por ejemplo, te dan una imagen de San Jorge, en realidad está consagrada a demonios.
 Debes tirarle agua bendita y quemarla.
 Debes confesarlo.
 También se debe RENUNCIAR, porque el demonio nunca se olvida de que fuiste a pedirle ayuda. Cada mañana, «Renuncio a Satanás y a los tarotistas, y me entrego a Jesucristo y a María Inmaculada, para siempre»
 «Renuncio a Satanás y a las umbandas, y me entrego a Jesucristo y a María Inmaculada, para siempre»

Confesarlo y renunciar


 Codicia, celos y envidia, debemos aprender a confesar esto. Así vamos tomando conciencia de nuestros pecados. Muchos no lo saben confesar.
 Y les pasa aún a los religiosos, a los sacerdotes. No es que no saben, sino que no saben confesarlo y pedir la ayuda de Dios.
 No hay pecado que Jesús no pueda perdonar. Es por los pecadores, por nosotros, que Jesús murió en la cruz y resucitó.

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